Durante dos décadas, correr ha sido fundamental en mi vida. Inspirada por mi hermana Nicole, pasé del cross-country en la escuela secundaria hasta perseguir el objetivo de completar un maratón en los 50 estados, una hazaña que mi padre logró en 2019. Si bien no me centré en los tiempos de élite, mi perspectiva cambió después de presenciar la determinación de Nicole en el Maratón de Boston de 2018, una carrera para la que luego me clasificaría después de años de esfuerzo.
El viaje a Boston alimentó mi pasión, pero la vida dio un giro inesperado cuando descubrí que estaba embarazada durante un maratón. Esta comprensión me llevó a un nuevo desafío: navegar a lo largo de los tres trimestres. Al principio dudé, consulté con profesionales médicos que me animaron a continuar, siempre que no introdujera nada nuevo más allá de mi rutina establecida.
El enfoque en evolución de la capacitación
El embarazo obligó a una recalibración. Atrás quedaron los horarios rígidos; en cambio, prioricé la comodidad diaria y ajusté los entrenamientos en función de cómo me sentía. Esto significó incorporar días de descanso, cross-training, yoga y estrategias de nutrición para combatir la fatiga y las náuseas. Pasé a comer comidas más pequeñas y más frecuentes para mantener los niveles de energía, asegurando una alimentación constante tanto para mí como para el bebé en desarrollo.
El segundo trimestre trajo una experiencia más tranquila. Correr el maratón local a las 17 semanas me fortaleció y confirmó que, con la preparación adecuada, podría seguir corriendo durante el embarazo. El tercer trimestre exigió más ajustes. Reducir el ritmo, usar una banda abdominal como apoyo pélvico y aceptar intervalos de carrera y caminata se convirtió en la norma. El objetivo no era el desempeño sino la finalización.
El paralelo entre correr y el embarazo
La experiencia subrayó una idea clave: tanto el maratón como el embarazo exigen presencia, aceptación del malestar y confianza en el proceso. Así como un maratón requiere una milla a la vez, el embarazo se desarrolla en etapas y culmina en un final poderoso.
Mi viaje no estuvo exento de preguntas. Algunos cuestionaron la decisión de seguir corriendo, pero el apoyo de sus seres queridos y la atención médica ayudaron a silenciar el ruido exterior. Esto me permitió redefinir la fuerza, demostrando que la maternidad no detiene las metas personales: las transforma.
Desde que di a luz a mis hijas, descubrí que la maternidad no se trata de “recuperarse” sino de “dar un paso adelante”. Correr, como la paternidad, se trata de adaptarse, redefinir límites y afrontar el viaje con intención y gracia.
