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El juego mental de Mikaela Shiffrin: cómo se ganó el oro olímpico con notas adhesivas y dudas crudas

El juego mental de Mikaela Shiffrin: cómo se ganó el oro olímpico con notas adhesivas y dudas crudas

La medalla de oro de la esquiadora alpina Mikaela Shiffrin en los Juegos Olímpicos de Invierno de 2026 no se debió solo al entrenamiento físico: fue el resultado de un cambio mental radical, impulsado por la duda, el diálogo interno implacable y un desapego calculado de las críticas externas. Durante años, Shiffrin ha dominado el circuito de la Copa del Mundo, pero los Juegos Olímpicos han sido una historia más complicada. Después de una actuación decepcionante en Beijing y una grave lesión en 2024, se acercó a los Juegos de Milán Cortina con un “borrón y cuenta nueva”, pero necesitó una estrategia poco convencional para llegar allí.

El poder de los recordatorios personales

Shiffrin cubrió el espejo de su baño con notas adhesivas que contenían afirmaciones: “Tú tienes la habilidad. Ve y GANA lo que quieras”. y “Soy amado y este será un gran día”. El propósito era simple: ahogar la negatividad con una positividad deliberada. Esta no fue una decisión espontánea; fue el resultado de meses de trabajo con un psicólogo deportivo, centrado en la activación mental. Shiffrin admitió haberse sentido abrumada en el pasado, y a menudo operaba en un estado caótico donde incluso el cuidado personal básico parecía imposible.

Sin embargo, la nueva estrategia inicialmente resultó contraproducente. “Eso me dejó con una enorme cantidad de tiempo para estar conmigo misma y con mis pensamientos, y pensé: ‘No me gusta esto. No me gusta esto’”, dijo. La soledad forzada la obligó a enfrentar sus miedos más profundos: la posibilidad de fracasar y la inevitable reacción de los críticos.

Aceptando la duda como una superpotencia

El avance de Shiffrin se produjo cuando dejó de luchar contra sus inseguridades y empezó a utilizarlas. Se dio cuenta de que su ansiedad por la percepción pública era una fuente de motivación, no de debilidad. “De hecho, creo que mis dudas, mi incertidumbre y mi capacidad de preocuparme por lo que piensan los demás son un superpoder, la mayor parte del tiempo”, admitió.

No se trata sólo de fortaleza mental; se trata de reconocer la realidad de la vida de los atletas modernos, donde el abuso en línea es rampante. Shiffrin ha enfrentado amenazas de muerte y comentarios hostiles de sus fanáticos, y entiende que no importa lo que haga, alguien lo desaprobará. Su solución: ahogar el ruido cultivando una voz interna que lo ahogue.

El arte de la exposición selectiva

Para protegerse aún más, Shiffrin seleccionó estratégicamente su feed de redes sociales, reemplazando el contenido deportivo con trucos de organización del hogar de bricolaje y tutoriales de limpieza de armarios. El objetivo no era el escapismo; fue higiene mental intencional. “No había deportes. No había nada excepto bricolaje, trucos de organización del hogar y limpieza del armario. Era muy relajante”, describió. Esto demuestra un esfuerzo deliberado por controlar su entorno, minimizando la exposición a la negatividad y maximizando la calma.

Más allá de la medalla de oro

La victoria de Shiffrin en slalom no se trató sólo de la medalla de oro; se trataba de confiar en su formación y aceptar que la perfección es imposible. El trabajo mental no fue una solución rápida; fue un proceso de años de desarrollo de resiliencia y autoconciencia.

“Sentí que todos los días que estábamos en Cortina, era como si ganara un pegajoso, perdiera un carajo para darle cosas que no me servían”, se rió. La conclusión clave: ganar no es una garantía; es un esfuerzo continuo.

Shiffrin ya se ha asegurado el título de la Copa del Mundo de slalom, pero sabe que el éxito es pasajero. El trabajo no se detiene y su próxima carrera requiere la misma preparación incesante. Puede que su colección de notas adhesivas haya desaparecido, pero la disciplina mental permanece.

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