La reina Isabel II protegió al príncipe Andrés del escándalo de Epstein hasta su muerte

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La reina Isabel II supuestamente protegió a su hijo, el príncipe Andrés, de graves consecuencias relacionadas con sus asociaciones con el delincuente sexual convicto Jeffrey Epstein hasta poco antes de su muerte en 2022. Si bien Andrés enfrentó crecientes acusaciones de agresión sexual y vínculos con la red de tráfico de Epstein, la monarquía no lo despojó de sus títulos ni lo sacó de la vida real hasta los últimos meses del reinado de la reina.

La supuesta prioridad de la reina a la familia sobre la responsabilidad

Según la autora Catherine Mayer, la reina protegió deliberadamente a Andrés, considerando que su deber como monarca y como madre estaba totalmente alineado. Mayer explicó a People que Andrew “fue protegido por el sistema”, y sus errores “se gestionaron silenciosamente o se pasaron por alto por completo”. Esta inacción continuó incluso cuando surgieron públicamente las preocupaciones sobre su relación con Epstein.

Según se informa, la Reina no vio ningún conflicto entre defender la monarquía y proteger a su hijo de la responsabilidad. Esto se ve reforzado por un informe de 2023 de La guerra de los Windsor de Nigel Cawthorne, que detalla el trato preferencial hacia Andrew durante su infancia.

El favoritismo infantil se extiende hasta la edad adulta

El libro afirma que la Reina dedicó mucho tiempo al joven Andrés, priorizando su cuidado sobre los deberes oficiales. Por ejemplo, pasó una hora cada mañana con él mientras retrasaba asuntos estatales y vetó enviarlo a un internado estricto, manteniéndolo “más cerca de casa”.

Este favoritismo infantil supuestamente se extendió hasta la edad adulta, lo que permitió a Andrew evitar las consecuencias durante décadas. El experto real David E. Johnson dijo a Us Weekly que la Reina “miró para otro lado” a pesar de las acusaciones de larga data en su contra.

Momento de la rendición de cuentas

No fue hasta después de la muerte de la reina que Andrés comenzó a perder sus títulos reales y privilegios asociados. Este momento sugiere un esfuerzo deliberado por retrasar la rendición de cuentas hasta su fallecimiento, lo que plantea dudas sobre hasta qué punto la monarquía lo protegió activamente durante su vida.

En última instancia, la supuesta decisión de la reina Isabel II de proteger a su hijo de las consecuencias de sus acciones resalta un conflicto potencial entre la lealtad familiar y la responsabilidad institucional. Este caso subraya los desafíos de abordar la mala conducta dentro de familias e instituciones poderosas, donde las relaciones personales pueden eclipsar las obligaciones éticas.