Por qué algunos corredores son más rápidos y cómo puedes mejorar tu ritmo

28

Muchos corredores se preguntan por qué algunas personas parecen pasar a su lado sin esfuerzo, mientras que su propio progreso parece estancado. ¿Es sólo genética? La respuesta es compleja. Si bien existen ventajas naturales, casi cualquier persona puede lograr mejoras significativas en la velocidad mediante un entrenamiento constante e inteligente. Este artículo desglosa la ciencia detrás de la velocidad de carrera y describe pasos prácticos para ayudarte a convertirte en un corredor más rápido, independientemente de tu punto de partida.

La ciencia de la velocidad: naturaleza versus crianza

La velocidad de carrera no está determinada únicamente por la capacidad inherente. Es una combinación de fisiología y técnica. La genética proporciona una base, pero el entrenamiento se basa en ella. Las personas naturalmente tienen proporciones variables de fibras musculares de contracción rápida (potencia, carreras de velocidad) y de contracción lenta (resistencia, maratones). Aquellos con más fibras de contracción rápida pueden encontrar más fácil el trabajo de velocidad, mientras que aquellos con más fibras de contracción lenta destacan en distancias más largas. Sin embargo, independientemente de tu predisposición genética, puedes adaptar tus músculos mediante el entrenamiento para mejorar la resistencia a la fatiga y la velocidad general.

El tipo de cuerpo también influye. Las piernas más largas pueden cubrir más terreno con menos zancadas, lo que las hace biomecánicamente eficientes. Pero repito, este es sólo un factor. El elemento más crítico es el VO2 máx : la cantidad máxima de oxígeno que tu cuerpo puede usar durante el ejercicio. Un VO2 máximo más alto equivale a esfuerzos más rápidos y sostenidos sin agotamiento. Si bien la genética influye en el VO2 máximo inicial, se puede mejorar significativamente mediante un entrenamiento constante, especialmente el entrenamiento en intervalos de alta intensidad (HIIT).

Cómo entrenar para tiempos más rápidos

Convertirse en un corredor más rápido requiere un enfoque estructurado. A continuación se explica cómo implementar técnicas aprobadas por el entrenador:

Construir una base

Los principiantes deben priorizar el tiempo sobre la distancia. Comience con carreras de 20 minutos a ritmo de conversación tres veces por semana, aumentando gradualmente la duración en dos minutos cada dos semanas. Esto desarrolla de forma segura la capacidad aeróbica y el VO2 máximo, sentando las bases para el trabajo de velocidad.

Varíe su ritmo

Una vez que te sientas cómodo con carreras consistentes, introduce intensidad. Un plan de formación completo incluye:

  • Carreras fáciles: Ritmo conversacional (RPE 5).
  • Carreras más largas: Ligeramente más rápidas que las carreras fáciles (RPE 3-4).
  • Intervalos de sprint: Ráfagas cortas con un esfuerzo casi máximo (RPE 9-10) seguidas de períodos de recuperación (RPE 2-3).

Los intervalos entrenan a tu cuerpo para manejar esfuerzos de alta intensidad, lo que te hace más rápido y más resistente. Por ejemplo, un minuto rápido, dos minutos fácil.

Entrenamiento de fuerza para obtener potencia

Correr no se trata sólo de cardio. El entrenamiento de fuerza dos o tres veces por semana es crucial para la prevención de lesiones y la potencia explosiva. Concéntrese en ejercicios compuestos como sentadillas, estocadas, peso muerto y planchas para desarrollar fuerza funcional y mejorar la coordinación.

Refina tu formulario

La mecánica eficiente es clave. Apunte a una ligera inclinación hacia adelante, hombros relajados y un golpe con la parte media del pie. Grabarte corriendo a cámara lenta puede revelar áreas de mejora.

Priorizar la recuperación

El descanso es tan importante como el entrenamiento. Espacie las carreras intensas con al menos 48 horas de diferencia y tómese uno o dos días de descanso completo por semana. Estirarse suavemente, caminar o andar en bicicleta pueden ayudar a la recuperación.

La coherencia es clave

Ser más rápido requiere tiempo, disciplina y paciencia. Se pueden observar ganancias significativas dentro de cuatro a ocho semanas de entrenamiento estructurado, con mejoras más sustanciales en tres a seis meses. El sistema nervioso se adapta a movimientos más rápidos con el tiempo, reclutando fibras musculares de contracción rápida de manera más eficiente.

La conclusión: si bien la genética establece un punto de partida, el entrenamiento constante e inteligente puede superar tus límites. Puede que no te conviertas en un atleta de élite de la noche a la mañana, pero con un esfuerzo dedicado, mejorarás tu ritmo y alcanzarás nuevas marcas personales.