¿Puede el “yoga facial” realmente revertir el envejecimiento? Un nuevo estudio ofrece resultados mixtos

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La búsqueda para mantener una apariencia juvenil es una industria multimillonaria, pero la última investigación científica sugiere que el secreto para lucir más joven podría no encontrarse en una botella, sino en una rutina de ejercicios. Un estudio reciente publicado en JAMA Dermatology ha explorado los beneficios potenciales de los ejercicios faciales, a menudo denominados “yoga facial”, y los resultados han provocado un debate entre los dermatólogos.

El estudio: Poniendo a prueba la teoría del “yoga facial”

Para investigar si los ejercicios faciales pueden alterar físicamente la edad de una persona, los investigadores realizaron un ensayo controlado en el que participaron mujeres de entre 40 y 65 años. El proceso fue riguroso:

  1. Entrenamiento: Los participantes recibieron dos sesiones de entrenamiento para aprender movimientos faciales específicos.
  2. Rutina: Durante las primeras ocho semanas, los participantes realizaron ejercicios durante 30 minutos diarios. Desde la semana nueve hasta la semana 20, la frecuencia cambió a días alternos.
  3. Evaluación: Los dermatólogos examinaron 19 rasgos faciales diferentes a través de fotografías profesionales tomadas al inicio, en la semana ocho y en la semana 20.

Si bien el estudio enfrentó desafíos con la retención de participantes (solo 16 de las 27 mujeres originales completaron el programa completo de 20 semanas), los hallazgos fueron estadísticamente notables. Los médicos observaron un aumento de plenitud tanto en la parte superior como en la inferior de las mejillas, lo que los llevó a estimar que los participantes parecían, en promedio, dos años más jóvenes que al inicio del estudio.

La visión escéptica: correlación versus causalidad

A pesar de los prometedores resultados visuales, la comunidad médica sigue siendo cautelosa. Los expertos señalan varias advertencias críticas que sugieren que todavía no deberíamos ver el yoga facial como una “bala mágica”.

El sesgo del “usuario diligente”

El Dr. Joshua Zeichner, dermatólogo certificado del Centro Médico Mount Sinai, sugiere que los resultados podrían verse influenciados por factores del estilo de vida. Señala que las personas lo suficientemente comprometidas como para realizar 30 minutos de ejercicios faciales al día probablemente también sean más disciplinadas en cuanto al cuidado de la piel, la hidratación y la protección solar. Estos hábitos, más que los ejercicios en sí, podrían ser los verdaderos impulsores de una apariencia más juvenil.

El riesgo de nuevas arrugas

También existe una posible desventaja del movimiento muscular repetitivo. El Dr. Gary Goldenberg, profesor clínico asistente de dermatología, advierte que si bien los ejercicios pueden agregar volumen a ciertas áreas, la contracción repetitiva de los músculos en realidad puede exacerbar las líneas de expresión, lo que podría generar más arrugas con el tiempo.

Cómo intentarlo: ejercicios de muestra

Para aquellos interesados en probar el método, el estudio utilizó movimientos específicos diseñados para apuntar al tono muscular. Dos ejemplos incluyen:

  • El levantador de mejillas: Forma una “O” con la boca, coloca el labio superior sobre los dientes y sonríe para levantar los músculos de las mejillas. Use sus dedos para sostener ligeramente la parte superior de la mejilla mientras suelta y levanta los músculos nuevamente.
  • Happy Cheeks Sculpting: Sonríe sin mostrar los dientes, frunce los labios y fuerza los músculos de las mejillas hacia arriba. Coloca tus dedos en las comisuras de tu boca y deslízalos hacia la parte superior de tus mejillas, manteniendo la tensión durante 20 segundos.

Resumen

Si bien el estudio sugiere que los ejercicios faciales pueden aumentar la plenitud de las mejillas y crear una estética más joven, el pequeño tamaño de la muestra y los posibles sesgos en el estilo de vida significan que se necesita más investigación. En última instancia, el yoga facial puede ofrecer una forma de tonificar los músculos faciales, pero debe abordarse como un complemento, no un reemplazo, de un régimen integral de cuidado de la piel.