Conoces la palabra “no”. Es parte de tu vocabulario. Probablemente el más utilizado, de hecho.
Los niños empujan. Empujan hasta chocar con algo. ¿Mis hijos? Querían postres dobles. Funciones triples en películas. Hora de dormir a las 11 en lugar de a las 9. Simplemente más, más rápido, más alto. Siempre.
Como no podían dejar de trepar a los árboles o caminar penosamente por el barro con zapatos nuevos, el “no” les pareció esencial. Quizás todavía lo sea. Pero los padres sabios buscan el “sí”.
Eso importa más de lo que crees.
“Sí” genera confianza. Permite que los niños se estiren. Fallar. Intentar otra vez. ¿El truco? Saber cuándo cerrar la puerta y cuándo abrirla.
El Dr. John Townsend llama a un límite línea de propiedad. Está en Enfoque a la Familia. Lo explica bien. Dice que las líneas definen dónde termina una persona y comienza otra. No paredes. Pauta.
Estas líneas hacen que la gente sea honesta. Responsable. Respetuoso.
Es curioso cómo funciona. Quita la valla y los niños se vuelven perezosos.
Los investigadores observaron esto. Tiempo de recreo. Las vallas estaban levantadas, los niños jugaban por todas partes, hasta los bordes. Quitamos la valla y ¿qué pasa? Se agrupan en el medio. Aburrido. Menos energía. Sin chispa.
Entonces, el límite en realidad creó el espacio para jugar.
Townsend sostiene que la seguridad permite que florezca la creatividad. La seguridad permite el crecimiento. No puedes apresurarte.
Hablamos de algunas cosas:
– Por qué las consecuencias persisten.
– Cómo la responsabilidad no es accidental.
– Crianza amable versus reglas estrictas.
– Por qué el dolor les ayuda a crecer.
– Cómo los niños aprenden su brújula interna.
El dolor es feo. Pero es necesario.
Todos nos preguntamos cuándo contenernos.
¿Cuándo es el momento adecuado?
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Los límites fortalecen el carácter.
O no lo hacen. Quizás decidas por ti mismo.


























