Los niños ven todo.
No sólo las cosas obvias tampoco. No se trata sólo de las conferencias o los cuentos antes de dormir. Es la mirada de reojo que le lanzas a tu ex. Así es como le hablas a tu espejo. Es la tranquila tensión en el coche después de la escuela.
Tendemos a olvidar que nuestros hijos están grabando sesiones que no creemos que estemos transmitiendo. Pregunté por ahí qué es lo que la gente realmente capta, principalmente porque te pone nervioso en el buen sentido. Realmente no hay juicio. Sólo conciencia.
Esto es lo que se está escapando de las grietas.
Las miradas de reojo a los co-padres
Crees que estás siendo sutil. Pones los ojos en blanco. Le pones esa cara al suegro. La psicóloga clínica Jazmine McCoy se hace llamar @TheMomPsychologist y dice que los niños captan esas señales no verbales de inmediato. También captan las críticas sobre otros padres o cuidadores. Incluso cuando lo disfrazas de sarcasmo o de “broma”.
“Los niños notan estas dinámicas”.
No importa si los odias. Trate de hablar bien de ellos cuando esté con su hijo. Incluso si crees que el niño está en otra habitación. Probablemente te escuchen. ¿Por qué? Seguridad. Hace que el niño se sienta menos ansioso. Construye una conexión emocional.
McCoy sugiere frases sencillas. “Papá hace una cena estupenda”. O “Esta aventura fue bien planeada por mamá”. Pequeñas cosas. Pero indican seguridad.
Charla corporal
Alyssa Miller es dietista registrada y dice que los niños son astutamente conscientes de cómo vemos los cuerpos. Nuestros cuerpos. Otros’.
Miran el espejo. Observan quién se niega a usar traje de baño. Te ven borrar fotos. O evitar la cámara por completo.
No son sólo palabras. Es acción. Los bebés no se avergüenzan de la barriga hasta que alguien se lo demuestra. No se avergüenzan de los muslos hasta que son testigos de la inseguridad. Los niños aprenden lo que es deseable. Aprenden lo que es malo. Y lo aprenden al vernos encogernos.
La brecha entre la palabra y la acción
Mentimos sobre nuestros valores. No maliciosamente. Sólo… habitualmente.
Laura Markham escribió “Padres pacíficos, niños felices”. Ella dice que los niños notan la diferencia entre lo que decimos que importa y lo que realmente hacemos.
Les dices que los deportes se tratan de trabajo en equipo. Divertido. Aprender nuevas habilidades. Luego los recoges en el estacionamiento. Preguntas: “¿Quién ganó?”
Predicas la honestidad. Luego les pides que mientan sobre su edad en la entrada del parque de atracciones para ahorrar tres dólares.
Los niños sacan conclusiones del comportamiento, no de lemas. Markham señala que los niños emergen de la niñez con una visión de lo que realmente valoras. Puede que no estés de acuerdo con eso, pero esa es su verdad. Hay que aplicar esos valores a los dilemas cotidianos. Una y otra vez.
La autocompasión es contagiosa
Si te odias a ti mismo por un error, tu hijo aprende a odiarse a sí mismo por uno.
Miller notó que la capacidad de gracia de los niños a menudo refleja la de los adultos que los rodean. Les dices que dejen de castigarse por una mala calificación en un examen. ¿Pero manejas los contratiempos de la misma manera? Si eres duro con tu propio diálogo interno, el niño lo nota. El perfeccionismo se detecta, no se enseña.
“Muchas personas que carecen de autocompasión, sin darse cuenta, enseñan a los niños a ser duros consigo mismos”.
Dale la vuelta. Si admites tus errores con delicadeza y sigues adelante, ellos aprenden a ser resilientes. Aprenden que un error es sólo una oportunidad de aprendizaje. Suena suave, pero es práctico.
La comida no es moral
Los niños miran cómo comes. Escuchan cómo hablas de ello.
Miller dice que los adultos influyen directamente en las creencias alimentarias. ¿Comentarios inocentes? “Esos son peligrosos”, señala una galleta. “Esta es buena comida, esta es mala”. Saltarse comidas. Parecer culpable después de un trozo de pizza.
Los niños interiorizan eso. Con el tiempo, eso da forma a su relación con la comida. Conduce a actitudes poco saludables. Las investigaciones muestran que, años después, los niños también tienden a comer como sus padres. Modelar un enfoque positivo y equilibrado es en realidad la forma de desarrollar hábitos saludables. No prohibiendo los snacks. Pero disfrutando de la comida sin dramatismo.
Los chismes después del colapso
El colapso del objetivo ocurrió. Fue malo. Estridente. Llanto. Todos miraron.
Llegas a casa. Te estás desahogando con tu pareja. Usas el sarcasmo. “Qué mañana tan maravillosa”. Haces bromas al respecto. Crees que el niño no está escuchando. O que se les pasa por la cabeza.
Puede que no comprendan la compleja estructura de la oración, pero captan el tono. Recogen la valoración negativa. Jazmine McCoy advierte que esto daña su autoestima. Daña tu relación con ellos.
Sea consciente. Incluso hablando por teléfono con un amigo. Habla con la lección. Habla del problema que resolviste. No te centres en el error como un defecto de carácter. Finja que está hablando directamente con su hijo. ¿Cómo lo dirías?
Dígalo así.
Principalmente. Porque mañana probablemente volvamos a estropearlo. Pero intentarlo es importante.
